Estaba recién comenzando mi vida cuando me separaron de mi madre, me sentía muy triste y me dolió la partida. La vi alejarse a medida que el camión avanzaba, ella corría y me llamaba, yo respondía a su llamado pero sin poder hacer nada para ir a su encuentro. Esa fue la última vez que la vi, pero todos los días que siguieron volvía a mí su recuerdo. Cuando llegué a mi nueva casa no sabía que hacer, era muy bonito: campos verdes para trotar y bellos paisajes para conocer, y aunque aún extrañaba a mamá, poco a poco comencé a acostumbrarme al nuevo lugar. Además un par de día después llegó Andres, era un niño de unos 10 años pero a quien todos respetaban mucho y obedecían en lo que mandaba, "patroncito" le decían en ese tiempo. Èl era muy bueno conmigo, me cepillaba las crines y me bañaba para que se notara mi negro lustroso. Nunca me faltaban cuidados cuando estaba a su lado. Me enseñó a ser montado, claro que sòlo permití que Andres subiera a mi lomo, todos los otros que lo ...
Comentarios
Y sobre el relato en sí, me gustó mucho, se te agradece por compartirlo.
besos
Dejo un saludo, y un abrazo. Sonríe, que la vida sigue y no esperará a que levantes la cabeza.
Bien por ti.
Cariños!
Snif, snif, buuuu, buuuaaaa!!!!
:)
Hasta pronto.