Salía de aquel viejo hotel en el que encontró refugio después de aquel jueves, cuando no supo que hacer al ver esa escena que no podrá olvidar. Al pasar el pórtico de la recepción la realidad del invierno santiaguino la hizo volver a este mundo, se cubrió del viento frío con el cuello de su abrigo y junto al sonar de sus tacones se alejó lo más rápido que pudo. Mientras caminaba por la vereda desierta la lluvia empezó a cubrir de finas gotas el cabello rizado que enmarcaba su fino rostro, quizo correr, pero se dio cuenta que de sus pensamientos no podría arrancar, la traición de sus emociones comenzó a mezclarse con la lluvia, haciendo que el llanto y la tormenta se hicieron una. Finalmente logró abrir la puerta de su departamento, estaba todo tirado, igual que el día que lo abandonó corriendo por el lobby, cada rincón de ese lugar le recordaba lo sucedido y el dolor volvía a ser tan fuerte como aquel jueves de un año atrás. No quizo seguir martirizándose, sólo tomó los papeles que ne...
Comentarios
Y sobre el relato en sí, me gustó mucho, se te agradece por compartirlo.
besos
Dejo un saludo, y un abrazo. Sonríe, que la vida sigue y no esperará a que levantes la cabeza.
Bien por ti.
Cariños!
Snif, snif, buuuu, buuuaaaa!!!!
:)
Hasta pronto.